Los que importan y distribuyen las pastas dentales Mr. Cool, Excel y Bubblles Junior Mr. Cool forman parte de una operación criminal dirigida hacia los consumidores más vulnerables de la sociedad, los pobres.
Se trata de una estafa difícil de rechazar para compradores necesitados e ingenuos. La información de los envases miente sobre su lugar de origen que es China. “Junior Mr Cool” dice que está hecha en Londres, Inglaterra; Las Petita y Excel en Alemania y Mr. Cool no señala lugar de procedencia. Toda la información en las cajas aparece en inglés pese a venderse en países pobres que hablan español. El precio de los productos es de 25 pesos la unidad , con un cepillo dental “gratis”, cuando el costo de las pastas normales oscila entre los 70 y los 100 pesos. Así que son cuatro veces más baratas y con un regalo. Si le venden algo así, se preguntará, ¿dónde está el truco? Pero , mientras más pobre sea usted, más posibilidad hay de que corra el riesgo y compre. Por eso, los barrios han sido sus espacios de venta, como Los Alcarrizos, donde las adquirió Listín Diario. Creo que los consumidores no sabían lo que estaban comprando pero los importadores sí.
Los fabricantes de productos, y quienes mercadean con ellos, conocen de ingredientes de riesgo que abaratan costos. El “dietilene glycol” es un solvente industrial usado en el líquido de frenos para los carros. Una sustancia líquida, viscosa, incolora e inodora con sabor dulce. Resulta letal en dosis tan pequeñas como 0.014 miligramos por kilogramo de peso. Se absorbe rápidamente por las vías digestivas y por contacto prolongado con la piel. Su asimilación por parte del organismo, se lleva a cabo en el hígado y el riñón. Es un veneno. Por eso sostengo que los importadores de estos productos, que según el secretario de Salud Pública están “trabajando junto con las autoridades”, deberían ser objeto de una investigación criminal, como sí ocurre en Panamá donde , además, dieron a conocer los nombres de las compañías que introdujeron los dentífricos a ese mercado. Aquí es un secreto, lo que permitirá que, tras caerse el negocio de las pastas, puedan buscar productos similares que, pese a su buena fe, los importadores, de seguro, no comprarán para el consumo de sus familias.